El destino es el mejor mecanismo de defensa. El destino ofrece el consuelo de que existe un orden en el universo y ahorra mucho tiempo y esfuerzo explicando lo inexplicable, sobre todo a uno mismo.Estoy dejando de ser un escéptico para convertirme gradualmente en un creyente. Sin duda es mucho más fácil, y lo que es más importante todavía, me resulta más ventajoso. Creo porque tengo que hacerlo.


Se tiende a pensar en el destino como meta de algo.
ResponderEliminarY si algo enseña la vida es que la búsqueda de las metas suele dejar un gran vacío cuando se alcanzan.
Soy de los que piensan que la auténtica meta es el camino. Es cada paso que das aquí y ahora. No el que diste ayer, ni el que darás mañana. Uno sólo existe en tu memoria; el otro en tu imaginación.
Tu verdadera esencia es el paso que das JUSTO AHORA.
De otra parte no debe confundirse "creyente" con "persona de fe". Hay matices que conviene tener claro.
Yo soy un hombre de fe. Tengo fe en la vida, en los seres humanos (a pesar de todo), en el universo.
Pero no soy creyente, si por eso se entiende que profeso un determinado credo o doctrina religiosa.
Creo que, en su auténtica esencia, todas las religiones profesan lo mismo. Es el entorno cultural el que las ha moldeado y sigue haciéndolo.
No creo pues en las iglesias.
Pero tengo una enorme fe en la vida, y también en mí mismo.
Un abrazo Sean.
Estoy completamente de acuerdo con las palabras sabias de Artea.
ResponderEliminarPersonalmente creo firmemente en la vida, en las personas y en este instante preciso, esa es toda mi religión.
Un fuerte abrazo.